opinión

En un mundo que se vacía de cosas y se llena de información en cantidades colosales, la digitalización pareciera desmaterializar, desinformar y descorporeizar la realidad, tal como lo describe Byung-Chul Han en su análisis de las «no-cosas» que quiebran al mundo de hoy. Frente a la distopía de la automatización digital, la búsqueda por recuperar la esencia de lo tangible transita irremediablemente por la autopista de la transparencia. Sin embargo, al examinar el artículo 50 recientemente en vigor del Reglamento (UE) 2024/1689 en materia de inteligencia artificial del Parlamento Europeo y del Consejo, se observa que las nuevas exigencias aplicables a proveedores y responsables del despliegue de la IA sólo garantizan el derecho de acceso a la información en un primer nivel.

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