Prácticamente desde que asumió, el actual Gobierno de Estados Unidos ha impuesto aranceles a las importaciones, lo que vulnera normas de la Organización Mundial del Comercio y de tratados que ha suscrito, como el Tratado de Libre Comercio (TLC) entre EE.UU. y Chile que entró en vigencia en el año 2004. Pero no solo eso. EE.UU. ha suscrito llamados «Agreement on Reciprocal Trade» (ART) con una decena de Estados, principalmente del Sudeste asiático y de América Latina.[1] De acuerdo con la prensa de los últimos días, el Gobierno de EE.UU. propuso al Gobierno de Chile suscribir un ART, pero este último declinó la propuesta.
Los ART no son TLC convencionales. Como han señalado algunos comentaristas, son instrumentos breves y asimétricos que facultan a EE.UU. a imponer aranceles al otro Estado y le otorgan beneficios respecto de comercio digital, minerales críticos y otras materias. Carecen de sistemas de solución de diferencias, por lo que en la práctica aumenta la capacidad de EE.UU. para utilizar incentivos económicos y presión diplomática con el fin de lograr sus objetivos estratégicos. En consecuencia, los ART alinean al otro Estado con los intereses geoestratégicos de EE.UU.[2]
Estos cambios en la política comercial estadounidense no son un fenómeno aislado. Pueden entenderse como parte de una transformación más amplia del sistema comercial mundial.
Para comprender qué está ocurriendo y por qué el Gobierno de EE.UU. actúa de esa manera, es necesario recordar que en general los imperios han creado sistemas internacionales asimétricos con normas que se aplican a los demás soberanos, pero no se aplican al respectivo imperio. Una característica distintiva del sistema comercial mundial construido por EE.UU. después de la Segunda Guerra Mundial fue que promovió instituciones y reglas relativamente generales que también aceptó aplicar a sí mismo en una medida mucho mayor que la habitual en experiencias imperiales históricas. Lo que ha cambiado durante los últimos años es que ahora EE.UU. está intentando modificar el sistema comercial mundial para aumentar las asimetrías. Es decir, EE.UU. se está comportando como se han comportado históricamente los imperios. Si esta tendencia se consolida, es probable que los futuros Gobiernos de EE.UU. continúen en su intento de construir un sistema internacional cada vez más asimétrico.
Que el Gobierno de Chile haya declinado suscribir un ART con EE.UU. tiene sentido, ya que el TLC que tenemos es más beneficioso para Chile, incluso a pesar de que EE.UU. esté incumpliendo algunas de sus obligaciones. Negociar el TLC fue difícil, pero fue posible gracias a la visión estratégica de los Gobiernos de la Concertación y la gran capacidad profesional de nuestro Ministerio de Relaciones Exteriores.[3]
Hoy estamos cosechando los frutos de tener una tupida red de TLC. Gracias a sus TLC, Chile está en una mejor posición negociadora que la mayoría de los otros Estados para negociar con EE.UU., enfrentar las crecientes asimetrías y diversificar nuestras relaciones comerciales.
Esta columna refleja la opinión personal del autor y no corresponde necesariamente con las opiniones de las instituciones mencionadas.
[1] https://ustr.gov/trade-agreements/agreements-reciprocal-trade
[2] https://www.lexology.com/library/detail.aspx?g=e07dcde6-65fc-4837-b6a4-26ae5f35dfb9
[3] AMCHAM Chile: TLC Chile y EE.UU. – Reflejo de una relación que trasciende lo económico. 2020. https://amchamchile.cl/publicaciones/estudio/libro-tlc-chile-y-ee-uu-reflejo-de-una-relacion-que-trasciende-lo-economico/





