Los relatos sobre microempresas superando la adversidad son casi tan impactantes como su presencia en el tejido empresarial chileno. Historias de superación, trabajo duro y resiliencia suelen estar presentes en todo tipo de ambientes relacionados con el emprendimiento y la idea de que comenzar y mantener un negocio propio es un gran desafío no es mayormente cuestionada. Sin embargo, pareciera que el hecho de que existan condiciones adversas para emprender ha tenido un mayor efecto como inspiración para emprendedores que como alerta para mejorar la calidad de las políticas públicas. Reconociendo que no existe nada malo con la inspiración y la resiliencia, enamorarse de un relato inspirador bien puede tener el mismo resultado que volar demasiado cerca del sol, con la diferencia de que cuando Ícaro cayó, lo hizo sin arrastrar a su familia al fondo del mar.
De acuerdo con la séptima encuesta de microemprendimiento elaborada por el Ministerio de Economía, Fomento y Turismo, existen 1.977.426 personas microemprendedoras, de las cuales un 88,8% lo hacen por cuenta propia, y un 52,6% declararon ganancias mensuales de hasta un salario mínimo. En estos términos e incluso sin ahondar en aspectos como la política económica o el comportamiento del mercado, es posible ver cómo la resiliencia y la dificultad de emprender está presente cada día para estas personas, sobre todo para aquellas que emprenden por sí mismas. Es así, que el desafío de sostener un microemprendimiento es siempre difícil y riesgoso, resultando en que una persona puede perfectamente perder su único sustento económico y lo que, en definitiva, el mercado laboral chileno no le ha podido proveer… Un trabajo.
Decir que no existen políticas públicas para fomentar el emprendimiento sería un error descomunal, dado que todos los gobiernos tienen al menos una iniciativa o parte de su agenda dedicada a las empresas de menor tamaño. Sin embargo, no existe una mayor atención al microemprendedor unipersonal, ni ayudas dedicadas a la mantención de estas unidades económicas fuera de bonos, o inyecciones directas de liquidez basadas en deuda. Los esfuerzos, aunque valiosos, nunca son suficientemente precisos para abordar las dificultades que enfrenta una persona microemprendedora. En la actualidad, el derecho chileno permite perfectamente la creación de una empresa unipersonal y hace posible su mantención en el tiempo. Sin embargo, sabemos que el que algo sea posible, no necesariamente lo hace probable.
Urge para abordar estos problemas, el desarrollo sistemático de políticas públicas orientadas a la microempresa unipersonal, para hacer que lo improbable sea probable y entender que el apoyar a las microempresas no sólo implica proteger la mayor parte del tejido empresarial chileno, sino proteger también fuentes importantes de ocupación en Chile. Las historias de superación y resiliencia seguirán inspirando a miles de personas, pero no pueden distraer de la necesidad de mejorar sus condiciones y desarrollo, sobre todo cuando “tú y yo contra el mundo” es seguramente la primera frase que una persona microemprendedora debe decir frente al espejo para comenzar su día.






