05-03-2024
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Jonatan Valenzuela: “Vivimos en una comunidad donde es muy barato producir mucha información, incluyendo la información falsa”

Para el académico de la Universidad de Chile, las cuestiones probatorias han ido cobrando importancia en los últimos años en el mundo del Derecho.

Para profundizar sobre estos temas, en Actualidad Jurídica conversamos con Jonatan Valenzuela, académico de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile, quien se refirió a los expositores y lo contenidos que se abordarán en las III Jornadas Nacionales de Derecho Probatorio, a realizar los días 9 y 10 de agosto. Además, pudimos hablar sobre el contenido de las diversas columnas de opinión que ha escrito en nuestro sitio y su próxima novela, “Perder La Memoria”, en la que se encuentra trabajando actualmente.

¿Cuál es el marco y la importancia de las III Jornadas de Derecho Probatorio?

Buscamos retomar el trabajo presencial post pandemia que comenzó el año 2018 en Valdivia, por impulso de Daniela Accatino; ella empujó la idea de realizar estas jornadas ya que muchas personas estaban escribiendo y trabajando en materia de prueba con ópticas distintas; profesores de teoría del Derecho, profesores de Derecho Procesal, profesores de Derecho Civil y Procesal como el caso de Jorge Larroucau en Valparaíso, se reunieron y organizaron debates que fueron concretamente de temas probatorios. Resultaron unas jornadas entretenidas y se repitieron, tomó la posta la Universidad Alberto Hurtado, a través de Rodrigo Coloma, y él de manera super inteligente, las unió con unas jornadas de epistemología jurídica a nivel latinoamericano, teniendo ese cruce en la segunda versión con muchos más expositores e invitados extranjeros.

Por eso, el año pasado definimos retomar el formato presencial de esta iniciativa y concordamos que lo organizara la Universidad de Chile, bajo la dirección de la profesora Flavia Carbonell, directora del Departamento de Derecho Procesal, este consorcio que sigue integrado por Daniela Accatino, de la Universidad Austral, Mauricio Ducce, de la Universidad Diego Portales, Jorge Larroucau, de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Rodrigo Coloma de la U. Alberto Hurtado, volvió a esta iniciativa y coincidió con la posibilidad de que vinieran tres invitados extranjeros; Jordi Ferrer, Carmen Vázquez y Diego Dei Vecchi, tres conocidos de la casa, el 9 y 10 de agosto próximo. Aprovecho de agradecer a todos quienes se interesaron y enviaron sus ponencias a estas jornadas.

Respecto del contenido de las conferencias de los tres exponentes internacionales que mencionaste, ¿cómo abordan la discusión prueba y derecho privado, o teoría y prueba?

El interés es intenso porque lo que se discute es sencillo y fácil de entender. En el fondo, se discute la manera en que nos aproximamos a los hechos en la labor jurídica, y lo central ahí es la labor jurisdiccional. Esa división de ejes da cuenta de cómo en Chile se ha ido dando la discusión con mucha gente escribiendo asuntos probatorios, de hecho, hay académicos de otras disciplinas como por ejemplo el Derecho Administrativo que han publicado artículos sobre estándares probatorios, valoración de pruebas, etc. Creo que hay una discusión sobre la mesa relativa a la verdad en nuestra sociedad, y esto es importante, ya que discutimos de forma permanente sobre qué es lo verdadero y lo falso, en qué medida podemos confiar en la información; vivimos en una comunidad donde es muy barato producir mucha información, incluyendo la información falsa.  Entonces, mi sensación es que, en ese fenómeno más amplio, la labor de los abogados y jueces queda captada e impactada por este exceso de información. Toda la humanidad se enfrenta al problema del conocimiento; si realmente sabemos lo que se nos dice es verdadero o falso, si tenemos buenas herramientas para detectar información falsa, o tenemos buenos criterios para decir que algo cuente como verdadero y actuar conforme a esa información. En los últimos años, la discusión sobre la información se ha tomado todos los espacios, y mi impresión es que, la versión jurídica y teórica que da cuenta de esa intromisión es la teorización sobre la prueba y sobre los hechos.

Creo que asistimos a una nueva “era de la verdad”, donde la verificación es un tema crucial que atraviesa todas nuestras comprensiones como humanidad, y en ese tránsito, las cuestiones probatorias han ido cobrando importancia en el mundo del Derecho.

En ese sentido, las nuevas tecnologías pueden establecer nuevos desafíos para aproximarse a esa verdad, ¿cómo observas esta irrupción con estas nuevas tecnologías en el contexto del derecho y materia probatoria?

Me parece discutible el uso de la expresión “nuevas tecnologías”. No creo que haya “nuevas” tecnologías que erosionen o compliquen el estado de la verdad en nuestra vida diaria. Si uno piensa, la introducción de la imprenta, fue vista por ciertos sectores sociales como una forma de discutir la inercia sobre la verdad establecida; se pensó que la gente ahora va a leer y producir textos a bajo costo donde se van a subvertir ciertas intuiciones básicas de la vida social. Antes de eso, cada vez que los humanos han tenido que administrar su entorno, han discutido sobre su relación con el mundo que los rodea. La discusión probatoria tiene una impronta filosófica muy importante, pero yo soy lo suficientemente ignorante para no entrar en ello, pero, sí, hay una discusión básica en esto: la discusión sobre el carácter humano y su capacidad de conocer o no el mundo que nos rodea. Si existen hechos en un sentido natural y físico, entonces, la pregunta es cómo nos ponemos de acuerdo frente a esa existencia.

La intuición de organización social más básica nos dice que tenemos información compartida que indica que hay ciertas acciones que nos van a hacer desaparecer, por ejemplo, recientemente leí un reportaje que se está combatiendo una fake new sobre protectores solares. A pesar de que está super documentado que la exposición al sol sin protección solar puede producir cáncer a la piel, hay gente actualmente que está diciendo que eso es mentira. Ese debate que introduce un cierto nivel de duda nos obliga a razonar y tomar decisiones diarias que se dirigen a definir cuál es el nivel de duda que yo voy a aceptar para hacer algo o no. Nos hemos convertido, por un lado, en sujetos más escépticos, pero en paralelo, estamos más expuestos a información falsa y a veces creemos en ella.

Una de las presentaciones tiene que ver precisamente con las pruebas periciales. En ese sentido, ¿hay algún medio de prueba que se considere más relevante precisamente en este esclarecimiento de los hechos dentro del procedimiento?

No hay ninguna razón para pensar que la prueba pericial, por sí misma, ex ante, siempre y en todo caso, tenga más valor que otros medios probatorios. Tengo la impresión de que Carmen Vázquez va a defender una tesis parecida, más sofisticada y culta de la que yo pueda sostener ahora. Ella viene escribiendo hace mucho tiempo sobre pruebas periciales, de hecho, su tesis doctoral fue sobre deferencia y educación en materia de pruebas científicas. Mi impresión es que, la pregunta compartida para todas las fuentes de información y todos los medios probatorios, es cuál es el nivel de confianza que merece una cierta fuente de información. Eso es lo que hacen los jueces de todas las competencias; lo que hacemos es responder una pregunta racional que admite que sus motivos sean exhibidos, por qué confiamos en unas cosas y en otras no, por qué nos parece que las escrituras públicas hacen plena prueba de ciertas cosas como la fecha, entre otras situaciones pero no suponen un compromiso con la verdad de las declaraciones que existen en ella. Hay una especie de beatificación con la ciencia, pero, sin embargo, si nos preguntamos por qué merece más confianza la información pericial, podríamos mirar el problema de la  noción de “paradigma científico” desde la visión por ejemplo de  Thomas Kuhn, y veremos que esos paradigmas están hechos para desaparecer y ser sustituidos. La ciencia avanza y progresa a medida que se refutan esos paradigmas.

Resulta ahora que los juristas vivimos en esta intuición de sobrevalorar a la prueba científica de la mano de criterios como los conocimientos afianzados y estables. No es la ciencia rupturista, porque la cuestión probatoria sobre ciencia es una cuestión más bien conservadora, desde ese punto de vista. Es cierto que, en general, los procedimientos están requeridos de fuentes objetivas de información. A mí me toca fallar causas y en esa parte, obviamente, cuando uno tiene información clara, fiable y producida con apego a cierto método, uno tiende a confiar. Así, la pregunta central es en qué medida algunas pruebas, científicas o periciales, pueden ser fiables y otras no. Por lo tanto, no creo que haya una ventaja, per se, para la información científica.

En esa misma línea, el mayor o menor acceso a la información, ¿qué tan relevante es para la resolución de un caso?

Es crucial en un sentido mucho más profundo. Si te fijas, el acceso a la información masiva es propia del mundo occidental y desarrollado. Los niños de diez años en los países occidentales con ciertos niveles de desarrollo acceden vía internet a enormes cantidades de información a bajo costo y en corto tiempo; las clases altas de los países en vías de desarrollo como Chile, acceden vía internet en nanosegundos a enormes caudales de información. Eso produce, entre otras cosas, que los niños de las clases altas y de los países más ricos manejan más lenguaje y un campo semántico más amplio. Con esto, uno puede observar que los niños ya no tienen que aprender inglés, porque el inglés está incluido en esta producción de información; no de forma inmediata, pero el lenguaje es para ellos cada vez más amplio. Y al mismo tiempo, en África, no hay internet ni ipads para los niños, lo que hay es hambre y miseria y un lenguaje terriblemente limitado. Menos lenguaje supone menos información, menos conocimiento, menos desarrollo y por tanto pobreza. Eso es lo que está en juego en este problema.

El acceso al lenguaje limita y define el acceso al mundo. Entonces, lo que tenemos hoy en día sobre evidencias, pruebas y acceso a la verdad, es lo que define las clases y los tipos de vida de los individuos en diversas partes del mundo.

Esto se agudizó con la pandemia y la brecha que se produjo fue principalmente de información, de evidencia sobre el mundo. Mientras más conozco, tengo más criterios para diferenciar; mientras menos conozco, soy objeto de fake news porque desconozco el contexto de producción de evidencia y en parte, no puedo comprenderlo. Va de la mano con la reducción de la información. Si te fijas, las noticias se han ido reduciendo en su extensión en los últimos 50 años de un modo impresionante. Las crónicas y reportajes años antes eran mucho más extensos y ahora los diarios están llenos de píldoras y notas cortas. Cada vez se lee más corto y se requiere leer más corto, y también, los académicos somos empujados a escribir más papers y menos libros.

¿Y en qué medida eso es relevante para resolver un caso?

Es lo mismo, si te fijas, el mercado de los juicios lo que vende es justamente atención. Soy abogado integrante de la Corte de Apelaciones de San Miguel donde tenemos que atender muchos casos en poco tiempo. El litigante en materia civil de la sección más “fancy”, en la causa por intereses patrimoniales más altos, paga por ir a un arbitraje y evitar ir a tribunales. Lo que está pagando es un servicio que, entre otras cosas, entrega atención con un árbitro que tiene cierto currículum, información, honorarios, etc., pero deberíamos preguntarnos, ¿por qué los litigios civiles de ciertas características evitan los tribunales? Aún así, el problema de los jueces árbitros y jueces civiles sigue siendo el manejo de información: los muchos documentos que deben leer por ejemplo. En ese contexto, estamos hoy en día en esta presión de producir tantos documentos y tanta información que la labor de manejarla, en alguna medida, la puedan desempeñar mejor las máquinas que las personas.

Una tesis posible es que la humanidad dejó de existir hace algún tiempo aún no determinado, porque los humanos del siglo XXI son en parte máquinas; con implantes auditivos, implantes molares y dentales, caderas artificiales, tenemos medicación que mejora nuestra concentración y nos pone felices. Estamos llenos de dispositivos que comparándolo con el ser humano de cien años atrás, no creo que haya ninguno que comparta esas características. Vivimos más y nos alimentamos mejor, pero en las partes del mundo donde las condiciones de vida son favorables y a costa de la explotación de un cierto grupo humano. Por lo tanto, en el caso de resolver un caso, todos los jueces también tienen dispositivos como celulares y algoritmos de comportamiento. Mi impresión es que en el ejercicio de resolución de casos esto es cada vez más urgente y ya está ocurriendo.

En Actualidad Jurídica has escrito varias columnas de opinión sobre los desafíos de impartir justicia y haces un análisis crítico sobre el tema de deshumanización en esta materia, ¿cómo lo observas desde la mirada de tus columnas?

Lo que he ido publicando en Actualidad Jurídica más que columnas, son capítulos de un libro. Siguen una matriz y una manera de pensar los problemas jurídicos que yo venía trabajando a propósito de otros temas, y la idea precisamente es volverlo más literatura que texto científico. No hay una tesis profunda; lo que sí, creo es que no hay deshumanización y humanidad en el sentido que la conocíamos. Lo que cuenta el libro es la narración de un juez en un futuro indeterminado, que está solo y se enfrenta a un apagón que genera que se borre toda la información que existe en el mundo. Si se pierde eso en el mundo real, perdemos toda la organización social, y en ese sentido, la labor de los jueces puede ser fundamental, porque son la última barrera que nos permite enfrentarnos a un tercero que nos dice si algo es verdadero o no, si algo debe hacerse o no, si esto merece o no una sanción. Así, el magistrado de esta novela llamada “Perder la memoria”, para los que no la han leído, está enfrentado a esos problemas; digamos tecnología, información, humanidad, memoria, etc. En definitiva, lo que reflejan esos capítulos es que la vida es cada vez más solitaria y difícil de entender.

En tu última columna “la prescripción es una forma de olvido”, se señala : “la imaginación colectiva en forma de adhesión en red fue desplazando a la verdad”, ¿qué tan peligroso es eso y que tan cerca estamos de aquello?

Hay dos respuestas posibles y las dos terminan en un “no lo sé”. La primera respuesta es la académica, y es que es muy peligroso, porque si dependemos de la adhesión y no de la verdad, voy a necesitar de likes y no de confirmación. Entonces, no importa que alguien haya hecho algo malo, lo que importa es la cantidad de veces que a mí me retuitean, replican y me den likes, si tengo un impacto amplio respecto a eso será súper útil en la vida social, independiente de lo que haya dicho sea verdadero o no. La adhesión es un “me tinca” y tengo empatía de cualquier nivel con la idea que se presenta, después uno se pregunta si es verdadero o falso, o si trae malas consecuencias. La segunda respuesta posible es que de alguna manera no hay nada nuevo en esto, ya que la verdad nunca ha sido estrictamente empírica. Lo que quiero decir con esto es que, esta idea de que los hechos existen en la naturaleza y se pueden confirmar y estamos seguros, es una idea falsa. Nunca hay certeza de las cosas que pasan, la noción de que nuestros sentidos son capaces de definir la realidad es una seguridad que descansa en la posibilidad de repetición y de memorización. Si yo contrasto mi versión de algo que yo viví con la versión de alguien más, puede cambiar mi aproximación.

Yo creo que es peligrosa la noción de que todo lo que nos rodea es lenguaje, que tiene hoy en día una aparición muy intensa, a propósito del lenguaje de la programación y el mundo virtual. Pienso que en realidad nos refiere a que el mundo de las palabras es el único mundo accesible y el mundo natural es parcialmente accesible como máximo. Todo muy normal considerando que esta entrevista se dio por zoom.

Existe la discusión de la irrupción de la inteligencia artificial como herramienta en su uso en materias judiciales, ¿cómo se puede aplicar y qué desafíos presenta la utilización de la inteligencia artificial en el ámbito jurídico, por ejemplo, en la redacción de sentencias?

La respuesta a esa pregunta requeriría clarificar qué es lo artificial de la inteligencia. Creo que no está contestada aún y se está avanzando en juicios sobre inteligencia artificial que no tienen, a mi juicio, densidad conceptual. Por ejemplo, en materia de prueba, un criterio común y repetido es el criterio de las máximas de la experiencia. Las máximas de la experiencia son generalizaciones, es decir, son maneras de decir que las cosas que generalmente ocurren vuelven a ocurrir, y esto tiene ciertos niveles de apoyo donde hay máximas que son más fuertes y otras más débiles. Si la máxima de la experiencia, en alguna parte, depende de información estadística, una máquina puede manejar datos en un caudal mucho más amplio que una persona, por tanto, su máxima de la experiencia es de mejor calidad que si lo hace una persona. Sin embargo, ambos utilizan esta noción de inteligencia como una manera de conectar información y conclusiones para ofrecer una inferencia que esté justificada. La inteligencia, creo yo, es simplemente una manera de describir nuestros pensamientos en términos de que éstos son capaces de organizar y proveer respuestas frente a nuestra realidad. Por ende, yo no creo que podamos hablar de si la inteligencia artificial nunca servirá para tal cosa o siempre será útil para otra, más bien, hay un proceso de confusión de la inteligencia artificial y natural actualmente.

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