16-06-2024
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La tendencia infantilizante en las universidades: Un análisis crítico

En las últimas décadas, especialmente en la última, ha surgido y se ha instalado una tendencia (preocupante) en el ámbito universitario que algunos denominan la infantilización de los estudiantes. Como su denominación lo anuncia esta tendencia se caracteriza por tratar a los universitarios como niños, proporcionándoles un entorno excesivamente protegido y censurando cualquier tipo de ideas contrarias a las convicciones dominantes. En estas pocas líneas examinaremos críticamente esta tendencia, analizando sus causas, consecuencias y las implicaciones que tiene para la educación superior.

Varias razones pueden explicar la consolidación de esta tendencia infantilizante. En primer lugar, la creciente preocupación por la seguridad y el bienestar de los estudiantes ha llevado a la implementación de políticas y regulaciones más estrictas en las universidades (hitos que han motivado esta preocupación podríamos nombrar varios, pero basta con aludir al movimiento feminista de hace algunos años). Con todo, aunque suene una perogrullada, si bien es importante garantizar un entorno seguro, donde los abusos y excesos tolerados en el pasado ya no tengan lugar, esto no debe traducirse en una sobreprotección que limite la libertad de expresión y el pensamiento crítico.

El miedo a ofender o excluir a determinados grupos ha, en buena medida, secuestrado la libertad en las aulas universitarias y ha llevado a la adopción de políticas de corrección política excesiva, donde se evitan temas controversiales o se censuran opiniones que “podrían” considerarse ofensivas. Esta actitud resulta absolutamente paternalista, contraria a la idea misma de universidad e impide el debate abierto y la confrontación de ideas, elementos esenciales para el desarrollo intelectual y la formación de ciudadanos informados y no militantes.

Huelga subrayar que la infantilización de los estudiantes en las universidades está teniendo consecuencias negativas tanto a nivel individual como colectivo. En primer lugar, al tratar a los estudiantes como niños, se les priva de la oportunidad de asumir responsabilidades y desarrollar habilidades de resolución de problemas. Esto se traduce, aunque algunos no quieran entenderlo, en una falta de autonomía y capacidad de enfrentar los desafíos del mundo real una vez que abandonen la seguridad de la burbuja del campus universitario.

Además, la censura de ideas divergentes y la falta de debate abierto inhiben el desarrollo del pensamiento crítico y la capacidad de análisis de los estudiantes. La educación superior debería fomentar la exploración de diversas perspectivas y la confrontación de ideas contrapuestas, lo cual se ve obstaculizado por una cultura de protección excesiva y desmedida, materializada, entre otras medias por la generación de una serie de protocolos que no pocas veces carecen de transparencia y obedecen, en su origen, a la presión de los hechos.

Las cosas de este modo no pintan bien. Como sea, la tendencia infantilizante en las universidades plantea un desafío fundamental para la educación superior, puesto que la misión de las instituciones académicas es fomentar el aprendizaje, el descubrimiento y la libre expresión de ideas. Al limitar la libertad intelectual y reducir la capacidad de los estudiantes para enfrentar diferentes puntos de vista, se socava el propósito mismo de la educación superior.

La universidad debería ser un lugar donde los estudiantes se sientan seguros para explorar ideas desafiantes, cuestionar suposiciones, desarrollar habilidades críticas y ver cuestionados supuestos dogmas o simplemente discursos instalados pero que no pasan de ser poco más que posturas que deben someterse a cuestionamiento. Pero la infantilización justo va en la dirección contraria y socava este ideal, creando un entorno donde el conformismo y la conformidad son “valorados” más que el pensamiento independiente.

La tendencia infantilizante que se ha consolidado en las universidades plantea, al menos para mí, serias preocupaciones sobre el futuro de la educación superior. Es fundamental que las universidades adoptar un cambio de rumbo que permita encontrar un adecuado punto de equilibrio que siga desterrando las injustificadas prácticas de la universidad del siglo pasado, pero que tampoco siga consolidando el extremo opuesto en el cual los estudiantes son formados en el contexto de una burbuja ajena a la realidad que, al final del día, terminará pasándoles la cuenta, especialmente si estamos hablando de futuros abogados o abogadas.

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Escrito por

Abogado y Académico Universidad de Talca, Doctor en Derecho Procesal Universidad Complutense de Madrid.