08-12-2022
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Sebastián Soto: “La nueva constitución debe nacer del liderazgo de los políticos; los expertos deben ser escuchados, pero quienes toman las decisiones son los políticos”

Soto, además, expresó que la cuestión constitucional debe entrar en una lógica de política regular, saliendo de las primeras páginas de los medios pero avanzando en tener lo antes posible una nueva constitución que se traduzca en un espacio de consenso.

Para abordar y profundizar sobre este tema, conversamos en Actualidad Jurídica con Sebastián Soto, profesor de la Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Católica de Chile y Director del Departamento de Derecho Público, quien nos describió su análisis del culminado proceso constitucional y las proyecciones que visualiza para una nueva propuesta.

¿Cómo evalúa los resultados del plebiscito de salida del 4 de septiembre?

El plebiscito del 4 de septiembre fue una notable noticia que da cuenta de la capacidad de los chilenos y chilenas de evaluar correctamente, a mi juicio, un texto constitucional que tenía severos defectos. Había importantes riesgos para el futuro del país y pienso que la señal que se ha dado, que todavía está siendo ponderada por los distintos actores, es una señal muy intensa respecto al futuro. Por eso celebro lo que ocurrió, pese a ser de aquellos que voté a favor en el plebiscito de entrada de un cambio constitucional, al poco andar de la convención percibí con claridad de que ésta no tenía una vocación de construir una constitución de consenso, por el contrario, quería escribir una constitución de contenido muy defectuoso o que naciera de un proceso completamente partisano y polarizado.

Con respecto a los contenidos que propuso la convención en el borrador, ¿qué aspectos quedaron al debe y cuáles se pueden rescatar?

Lo más interesante es centrarse en lo jurídico, en el contenido mismo del texto constitucional. Y veo ahí muchos problemas. Por ejemplo, el que se nos propuso era un texto plagio de principios y derechos, que solo aumentaba la incertidumbre y creaba más que derechos fundamentales, verdaderos intereses que promoverían el litigio el día de mañana con principios que hacían de ese proyecto la más neoconstitucionalista de todas las constituciones del mundo. Junto con eso, era un proyecto que constitucionaliza una serie de políticas públicas con una especificidad que no existe en otras constituciones del mundo, con ideas completamente ajenas al constitucionalismo global. No hay constitución en el mundo que mencione a los bomberos, las bibliotecas, las ferias libres, y tantas otras normas y enunciados que a cualquier persona debieran darle pudor. Es decir, era un borrador completamente ajeno a los estándares del constitucionalismo actual.

¿Y en cuanto al sistema político y los contenidos más específicos, por ejemplo?

Me parece que su contenido más específico no resolvía los problemas que Chile tiene, por el contrario, hacía más difícil resolverlos pues creaba más problemas. Por ejemplo, el sistema político y las dificultades de gobernabilidad que no solo se mantenían a las que hoy tenemos, sino que agregaron nuevos inconvenientes. La modificación al poder judicial, con todas las críticas que se le hicieron a ese texto, que a mi juicio no resolvía ninguno de los problemas que se le habían diagnosticado, creaba nuevas preocupaciones. También las normas vinculadas con la política, donde había un consenso manifiesto antes del inicio del proceso de la importancia de reforzar los partidos políticos, en ese texto constitucional ni siquiera los mencionó.

Al final, los problemas más importantes de nuestra sociedad no están presentes en la propuesta constitucional

Estoy de acuerdo con eso, pero eso también se debe a que durante al menos una década en Chile venimos teniendo una discusión que está mal enfocada. Venimos diciendo que los problemas de Chile son constitucionales, cuando a mi juicio, los problemas de Chile son principalmente problemas de la política pública, de la forma en la que deliberamos y definimos políticas y que tienen solo algunos reflejos constitucionales. Entonces, se ha transformado la discusión constitucional en una especie de discusión para resolver todos nuestros problemas, pero eso no es correcto, porque las constituciones no son pócimas mágicas que resuelven nuestros problemas. Lo que resuelve nuestros problemas es la política del día a día.

¿Qué lecciones se pueden obtener luego de este proceso constitucional?

Destaco tres, y que son aprendizajes tanto políticos como jurídico-constitucionales. El primero, es que debemos desterrar el tono refundacional y volver a creer en que los cambios nacen de los grandes acuerdos políticos. El segundo, que ha resurgido con fuerza después del 4 de septiembre es la idea de una constitución sobria, que no intente abordar todos los problemas, sino únicamente los temas constitucionales. En ese sentido, la convención escribió una constitución técnicamente deficiente, sobrecargada y creo que eso hoy en día nos permite aprender con más fuerza el valor de las constituciones sobrias. Y lo tercero, es la importancia de los partidos políticos y de procedimientos en donde éstos sean parte y que tengan espacios para construir consensos.

En la actual discusión para un nuevo proceso constitucional, ¿cómo analiza la postura del gobierno y la oposición durante estos días?

Pienso que el oficialismo y la oposición, Chile vamos en particular, están haciendo lo correcto, que es conversar e intentar llegar a acuerdos si quieren dar señales de resolver pronto la cuestión constitucional. Más allá de la ansiedad de algunos, me parece que esta es una conversación que hay que hacerla sin prisa, pero sin pausa. En ese sentido, las conversaciones que uno aprecia son las correctas, puesto que se ve un ánimo de consenso que es la forma en que aprendemos y sabemos que Chile avanza.

Teniendo en cuenta, además, que existen problemas más importantes como la delincuencia, la inflación, etc…

No es malo que la cuestión constitucional deje de estar en los primeros lugares de atención de la opinión pública, porque la verdad es que, los primeros lugares de atención de la opinión pública deben ser ocupados por las necesidades más acuciantes; como son las que tu mencionas, la delincuencia, la inflación, el crecimiento, etc. La cuestión constitucional debe entrar en la lógica de la política regular, es decir, salir de las primeras páginas de los diarios, pero seguir avanzando para tener pronto una nueva constitución que sea un espacio de consenso.

¿Cuál debería ser el mecanismo más adecuado en este nuevo proceso de constitución?

Creo que no hay, a priori, un mecanismo mejor que otro. El mejor mecanismo es aquel que concita el mayor acuerdo. Con todo, yo quisiera, poner atención en que a mí me genera alguna preocupación esa confianza desmedida que veo en los expertos. Creo que la nueva constitución debe nacer del liderazgo de los políticos; los expertos deben ser escuchados, pero quienes toman las decisiones son los políticos.

Sería un aporte desde su conocimiento, más que tener una última palabra en las decisiones.

Nunca los expertos pueden tener la última palabra, es la política la que debe tener la última palabra. Miremos la experiencia de la convención, que tuvo muchos expertos que se atrincheraron en posiciones extremas, que no fueron capaces de iluminar con moderación ningún debate. Pienso que, creer que los profesores de derecho constitucional, yo soy uno de ellos, son druidas desinteresados, es un error. Por eso, los profesores de derecho constitucional, los expertos, deben ser escuchados pero la decisión siempre debe descansar finalmente en los políticos, que tienen mayor capacidad y experiencia para llegar a acuerdos, que a veces la tienen expertos demasiado enamorados de sus propias ideas.

¿Qué rol deben tener las universidades y académicos en el debate público con relación a este nuevo proceso de nueva constitución?

Las universidades juegan un rol fundamental para contribuir a que la deliberación en la opinión pública sea una deliberación con base en la evidencia, con perspectiva, considerando factores globales, y en general con esa capacidad que espero debiéramos tener todos los académicos de apreciar la realidad con algo más de distancia y desinterés, para intentar proponer fórmulas probadas pero al mismo tiempo que puedan resolver los desafíos de un momento en particular. Ahora, dicho eso, las universidades en general y también la Facultad de Derecho de la Universidad Católica, han tenido una activa participación durante el proceso constituyente. La Universidad Católica a través del foro constitucional, no solo contribuyó a la deliberación de la convención, sino también a la formación cívica. Creo que seguir haciéndolo es una tarea que honra el trabajo de la universidad.

¿Cuál cree que sería el escenario propicio para dar inicio a una nueva propuesta de constitución?

Esperaría que durante el próximo mes el Congreso Nacional adopte un acuerdo que pueda traducirse en una nueva reforma constitucional, que sea aprobada durante este año o principios del próximo año, para así, durante el 2023 poder redactar una nueva constitución que sea plebiscitada ojalá a fines de ese año. Pienso que los plazos de la cuestión constitucional deben ser más breves que los que tuvo la convención, ya que hay demasiadas urgencias que no son constitucionales que requieren atención de la política. Por lo mismo, la cuestión constitucional debiera entrar en un modo regular, sea que se discuta en una nueva convención más pequeña o en otra parte, pero que pronto podamos decir que tenemos una nueva constitución y que es hora de preocuparse de aquellas necesidades más acuciantes.

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