Renato Duro sobre enseñanza jurídica en América Latina: “La formación en Derecho sigue desconectada de la realidad social”

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En conversación con Actualidad Jurídica: El Blog de DOE, el profesor de la Facultad de Derecho de la Universidade Federal do Rio Grande (Brasil) e integrante de las IV Jornadas de Didáctica del Derecho, Renato Duro, analiza las brechas en la formación jurídica en la región, el impacto de la inteligencia artificial y la necesidad de avanzar hacia modelos más conectados con la realidad social.

Desde su experiencia en Brasil, ¿cuáles son las principales diferencias en la enseñanza del Derecho respecto de Chile y por qué es relevante hoy generar espacios como estas IV Jornadas de Didáctica del Derecho?

Una de las diferencias curriculares es que en el curso de Derecho en Brasil tenemos la obligatoriedad de actividades de extensión, lo que acerca mucho a la universidad a la comunidad externa, muchas veces en contextos de vulnerabilidad social. En el resto, nuestras disciplinas y formas de enseñar son muy parecidas, basadas en la dogmática y con una didáctica todavía muy enfocada en el profesor. La Jornada es un espacio fundamental para intercambiar ideas y profundizar nuestros lazos académicos.

En América Latina, la formación jurídica ha sido históricamente teórica. ¿Qué tan urgente es avanzar hacia modelos basados en competencias y habilidades prácticas?

Creo que en América Latina tenemos modelos de enseñanza muy similares. En el caso de Brasil, nuestro origen viene de Portugal, pero las bases siguen siendo europeas. Todavía valoramos poco el conocimiento producido en América Latina.

¿Qué rol juega la investigación en didáctica del Derecho en la mejora concreta de la formación jurídica?

Una característica de la docencia superior en Derecho es la falta de formación didáctica y pedagógica. Son raros los casos de profesores que buscan formación complementaria. Por ello, este tipo de conocimiento es fundamental, especialmente para mejorar los procesos de enseñanza-aprendizaje.

¿Qué aprendizajes o buenas prácticas pueden transferirse entre países en instancias como estas jornadas?

Pienso en experiencias exitosas como nuevas metodologías activas, didácticas basadas en la realidad del estudiante —siguiendo enfoques como el de Paulo Freire—, clínicas jurídicas por temáticas específicas, como género, minorías o sostenibilidad, y actividades de extensión junto a la comunidad.

¿Cómo están impactando la digitalización y la inteligencia artificial en la enseñanza del Derecho?

En Brasil el impacto es significativo, hasta el punto de que las universidades están regulando su uso para adecuarlo a las necesidades formativas y a consideraciones éticas. El uso de tecnologías y de inteligencia artificial ha sido problemático para el aprendizaje, ya que no siempre existe una preocupación por los límites de estas herramientas. Por eso, es necesario abordar su uso con mayor reflexión teórica.

¿Existe hoy una desconexión entre la formación universitaria y las exigencias del ejercicio profesional?

Sí, entiendo que sí. Existen varias razones. Por una parte, el exceso de dogmática y teoría, que deja de lado el desarrollo de habilidades prácticas. También hay un enfoque predominante en el litigio, cuando el mercado demanda cada vez más especialistas en negociación, mediación y arbitraje. Finalmente, existe una desconexión con la realidad social, lo que hace que muchos egresados no logren vincular su formación con el entorno en el que ejercerán.

Pensando en el futuro, ¿qué transformaciones estructurales requiere la educación jurídica en la región?

En una sociedad desigual como la de América Latina, la formación social del Derecho permite reconocer que la igualdad ante la ley es una ficción si no se consideran las desigualdades previas. El Derecho debe evolucionar para integrar mecanismos de justicia sustantiva que protejan a quienes se encuentran en los márgenes del sistema.

La enseñanza del Derecho, en este contexto, tiene un rol clave: otorgar voz y presencia jurídica a quienes históricamente han sido invisibilizados. Una formación jurídica consciente no solo mantiene la paz social, sino que promueve la reparación y la inclusión. Así, el Derecho puede transformarse en una herramienta de cambio hacia una sociedad más justa, equitativa y humana.

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