opinión

La expresión “inteligencia artificial” se ha instalado con una fuerza inusual en el debate público. En general, en columnas de opinión, congresos académicos, artículos de revistas o incluso proyectos de ley, se ha utilizado este concepto para referirse, como fenómeno, a promesas de eficiencia, innovación y productividad, pero también a riesgos vinculados con vigilancia, discriminación, precarización laboral, concentración de poder y afectación de derechos. Sin embargo, mientras más se expande su uso, más evidente se vuelve un problema básico: no siempre sabemos con precisión de qué hablamos cuando hablamos de inteligencia artificial.

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