Un comentario sobre la Encíclica Magnifica Humanitas que fue publicada hoy.
Ella plantea un mensaje muy oportuno para las empresas: la inteligencia artificial no puede evaluarse solo desde la eficiencia o la innovación, sino desde su impacto real en la dignidad de las personas, el trabajo, la transparencia y los derechos fundamentales.
El desafío para el sector privado es pasar del cumplimiento formal a una gobernanza ética, trazable y responsable de la IA, incorporando evaluaciones de impacto humano y social antes de desplegar sistemas automatizados.







