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El combate contra la violencia, el vandalismo y las incivilidades puede tener un objetivo loable. Nadie podría sostener seriamente que el Estado debe permanecer indiferente frente a la destrucción de espacios públicos, agresiones a funcionarios, daños a monumentos o conductas que deterioran la convivencia. La pregunta, sin embargo, no es si esas conductas deben tener consecuencias. Por supuesto que sí. La pregunta es otra: qué consecuencias, bajo qué reglas y con qué límites.

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Un comentario sobre la Encíclica Magnifica Humanitas que fue publicada hoy.

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Chile está ad portas de sumarse a los países del mundo con legislaciones avanzadas en protección de datos personales. Estamos siguiendo el estándar de oro que instaló la Unión Europea al que se han sumado diversas economías y que será muy exigente para todas las organizaciones, públicas o privadas, con o sin fines de lucro. […]

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