19-10-2021
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El bochornoso caso de Google y Facebook en Australia: un ejemplo de como NO regular la tecnología

A fines de febrero pasado, Australia aprobó una ley que busca que Google y Facebook paguen a los medios de comunicación por difundir sus contenidos de noticias.  Esta nueva normativa -que busca corregir supuestos desequilibrios en el poder negociador de las empresas tecnológicas- permite a las empresas de medios negociar individual o colectivamente el precio que ponen a sus noticias, obligando así a las gigantes tecnológicas a un procedimiento de arbitraje forzado que -hasta ahora- aplicaría solo a Google y Facebook.

Los promotores de la iniciativa, la conciben como un contrapeso necesario al progresivo poder que han adquirido las empresas de tecnología mencionadas. Sin embargo, el efecto en la estructura misma de la Internet puede ser extremadamente pernicioso.

Para entender esos perniciosos efectos, cabe contextualicemos lo que sucede en Australia con los medios de prensa. Según el Finkelstein Inquiry, ya en el 2012, Australia era uno de los países con mayor concentración de medios en manos de pocas empresas. Los periódicos nacionales y de las grandes ciudades están dominados por tan solo dos grupos económicos, News Corp Australia (Rupert Murdoch) y Nine Entertainment Co. Estos dos conglomerados, junto con Seven West Media son copropietarios de Australian Associated Press, que distribuye las noticias y las vende a otros medios, como la Australian Broadcasting Corporation, de donde se extraen una gran parte de las noticias cotidianas. Frente a la amenaza a sus ingresos que suponen las empresas tecnológicas, estos conglomerados decidieron sensibilizar a autoridades, promoviendo una agenda legislativa que busque regular a las empresas tecnológicas.

Aclarado el contexto en que surge esta nueva normativa, cabe examinar los efectos negativos que subyacen a la reciente legislación australiana, y que para efectos expositivos, procederemos a enumerar.

1.  La Internet permite esencialmente que cualquiera pueda hacer una página web y poner vínculos/links a la información que estime necesarios.

La facultad de insertar un link en una página web es libre, no siendo necesario que el creador de esa página web tenga que pagar o solicitar permiso para insertar un link. Nadie debería impedir u obstaculizar dicha facultad. En efecto, es el enlace la métrica fundamental por excelencia en Google: las páginas más relevantes son las que cuentan con mayor número de enlaces entrantes desde otras páginas web.

La regulación australiana cambia la naturaleza de lo anterior, atentando contra la esencia misma de la Internet, al obligar pagar por enlazar.

2. Desnaturaliza la función de un motor de búsqueda y de una red social.

Un motor de búsqueda permite -en esencia- que un usuario encuentre lo que está buscando. Mientras que una red social permite que diversos usuarios compartan contenidos. Si un medio de comunicación estima que no desea que su contenido salga en un motor de búsqueda o que no sea compartido por redes sociales, basta que introduzca un comando robots.txt impidiendo su indexación o solicite a la compañía respectiva que bloquee la posibilidad de compartir su contenido.

No obstante, lo que buscan los medios de prensa es que cuando se enlace su contenido (insistimos, no copiarlo el contenido, sino enlazarlo), además, se les pague por ello.

Es decir, compañías como Google o Facebook enlazan noticias de empresas de medios de comunicación, incrementando así el tráfico de visitas que reciben las páginas web de estas empresas, lo que a su vez redunda en sus ganancias. Dado que éstas resultan insuficientes, a juicio de las empresas medios, ahora Google o Facebook, deberá además pagarles por enlazar su contenido. Insólito.

3. Efecto extensivo.

Con lo anterior, cabe preguntarse ¿qué va a suceder cuando los medios de comunicación, no satisfechos con Google o Facebook, empiecen a exigir que cualquier persona que enlace sus contenidos (ya sea en Twitter u otros medios) deba pagar por ello?

La tecnología puede regularse, pero debe hacerse de forma equilibrada y entendiendo la tecnología regulada, no atacando la esencia de ésta que, en el caso de la web, consiste en la posibilidad de enlazar libremente. El panorama hoy es lóbrego porque un país serio se doblegó a una industria que se sintió amenazada, poniendo en serio peligro de extinción a la Internet como la conocemos hoy. Simplemente bochornoso.

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Escrito por

Director de Magliona Abogados. Abogado, Universidad Adolfo Ibáñez. Postgrado en Derecho Privado, Universidad Adolfo Ibáñez. Diplomado en Propiedad Intelectual, Pontificia Universidad Católica de Chile. International Professional Summer Program Understanding U.S. Intellectual Property Law en Stanford University. HarvardX, Harvard Law School, junto con el Berkman Klein Center for Internet and Society, CopyrightX.