08-12-2022
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Tomás Jordán Académico Universidad Alberto Hurtado: “Hay que tener claridad que el mundo académico está llamado a dar luces, mostrar caminos, a mostrar experiencia comparada, pero también es un mundo que requiere tener experiencia en los diseños institucionales”

Además, el abogado llamó a no seguir fragmentando la política, al sistema de partidos, y tener en consideración la responsabilidad política ante las propuestas populistas que acechan constantemente.

Para analizar en profundidad estos temas, en Actualidad Jurídica conversamos con Tomás Jordán, abogado, cientista político y profesor de Derecho Constitucional de la Universidad Alberto Hurtado, acerca del escenario político actual, luego de las votaciones del plebiscito de salida y las proyecciones ante un nuevo proceso constitucional en el país.

A modo de análisis crítico, ¿qué evaluación haces del proceso de propuesta de una nueva constitución?

Yo creo que hay dos cuestiones que hay que tener a la vista. Una es que no es tan crítico, y otro que es crítico. Primero, que la convención logró acuerdos por dos tercios, de acuerdo a su propia configuración. Estuvo compuesta básicamente o preeminentemente por fuerzas más de izquierdas que el sistema político regular, y por lo tanto, en esa estructura y esos actores, pudo llegar a un acuerdo relativamente moderado de acuerdo a su propia composición. Lo que pasa, y ahí viene el juicio crítico de lo mismo es que, el sistema político regular fuera de la convención, era mucho más moderado que la convención. Por lo tanto, eso no fue previsualizado tempranamente ni en el curso de la convención, y por lo tanto llegó a cometer ciertos errores tanto técnicos como estratégicos, en que sentido, que era necesario previsualizar, y era muy difícil avanzar en un texto propuesta si no se tenía el acuerdo de la centroizquierda y la derecha moderada que eran más fuertes fuera de la convención que dentro. Por lo tanto, no abogar por un acuerdo político que fuera un pacto constitucional, que abarcara hasta las fuerzas de derecha moderada, quienes tenían la voluntad de arribar a un nuevo texto constitucional, fue un error. Ahí radica la principal crítica por cuanto de acuerdo a la composición de nuestro sistema político, era necesario tener un acuerdo lo más amplio posible hasta esas fuerzas, ese fue el gran error, a mi juicio, a consecuencia de las fuerzas que estaban integradas y la falta de madurez política en cuanto a lo que es la negociación política propiamente tal.

Eso influyó mucho en el trabajo interno de la convención

Influyó mucho por dos razones. Una porque esas fuerzas eran minoritarias en la convención, por lo tanto, la mayoría estimó que no eran necesarias para llegar a los acuerdos. Dos, que esas mismas fuerzas eran fuertes fuera de la convención por lo que ellos tenían que decir si era relevante una vez terminado el proceso de redacción del texto. Por lo tanto, pudieron haber aportado en moderar ciertas instituciones que hubiera permitido obtener un apruebo. Estoy pensando en figuras más complejas y más complejas críticamente; la idea de la plurinacionalidad, la idea del sistema político que fue muy criticado, etc. Entonces la pregunta era si estas fuerzas hubiesen tenido mayor acogida o hubiesen moderado el texto y seguramente la discusión de cara al plebiscito del 4 septiembre hubiese sido distinto el escenario.

En relación a los contenidos que tuvo la propuesta de nueva Constitución ¿cuáles fueron para ti los más importantes y cuáles quedaron al debe?

Yo creo que hay que ser justos con la convención. Acá hay problemas, creo yo, de intensidad de las tratativas de los temas, más que unos temas que quedaron excluidos. El proceso constituyente que terminó, aportó en fijar e ir aclarando cuál sería esa columna vertebral de la constitución chilena. Ahí me refiero a la idea de estado social, hoy día hay una discusión de cuáles son sus alcances pero no sobre la idea de estado social, una idea sobre un presidencialismo atenuado con dos cámaras, me parece que independiente de la fórmula final, hay un acuerdo en la descentralización, en el reconocimiento de los pueblos indígenas, que parece claro no en el camino de la plurinacionalidad, en la paridad, en la democracia representativa complementada con democracia participativa, un modelo de desarrollo que equilibre medioambiente, naturaleza, economía y trabajo. Parece que son elementos que se han ido configurando como la columna vertebral de la futura constitución. Lo que pasa es que, lo que ocurrió en la convención fue que las miradas sobre esos temas, no hubo acuerdo y no hubo una mirada de consenso respecto de que todas las líneas políticas pudieran tener cabida en ello. Ahí se produce el problema final y que hoy día tiene que resolver parte del congreso y en gran parte el nuevo órgano constituyente que se elija.

¿Qué lecciones se pueden sacar del proceso constitucional?

Varias, yo creo que la principal es que no vamos a tener una nueva constitución si no hay un acuerdo político amplio legitimado socialmente. Esa es la primera gran lección. Dos, que el órgano constituyente debe estar permanentemente observado con lo que pasa afuera de su órgano constituyente. El aislamiento me parece que fue uno de los factores que determinó en manera negativa la convención. Tercero, que la política de identidades, la política temática, o la micropolítica, no alcanza para tener un acuerdo político constitucional que se transforme en un pacto constitucional. Acá se necesitan miradas de largo alcance, miradas del estado, de la sociedad, y que sean contempladas con otras cuestiones. Tiene que primar más la macropolítica que la micropolítica. Esas son las tres grandes lecciones que podemos sacar para dedicar al nuevo proceso.

En ese sentido, ¿crees que la opinión pública incidió de forma negativa el último mes antes del plebiscito?

Yo creo que aquí también hay que ser justos con la convención y realista, y hubo desde el comienzo una voluntad del grupo más de derecha de estar en contra del proceso de cambio. Eso se expresó en una campaña permanente en contra de la convención. No solo en el último mes. La convención cometió muchos errores personales por falta de experiencia, y por lo tanto, eso mostró una forma de entender la política y de hacer política que la gente criticó, cuestionó y rechazó. Me parece que no solamente ocurrió en el último mes; fue de forma permanente, una especie de no tomarse en serio lo que es la política representativa, entonces ahí hay dos elementos de interés. Otro que también es un poco ajeno a la convención, pero serían las fake news, que se tuvo que hacer cargo permanentemente de aquellas cosas que la propuesta no decía, pero se decía que contenía. Eso sí, me parece que en el periodo de campaña impactó altamente, porque se gastó mucho tiempo en aclarar o tratar de desvirtuar esas noticias tales como el aborto libre hasta los 9 meses, que iba a perder la vivienda, o tu segunda vivienda, que no se consagraba la propiedad, etc. Entonces es una sumatoria de factores tanto externos como propios de la convención.

Algunas opiniones, a propósito de la sumatoria de factores que comentas acerca del triunfo del rechazo, hablan de las tradiciones republicanas que tiene la sociedad chilena, ¿te parece que esa idiosincrasia también influyó en votar rechazo?

Yo creo que habían cuestiones que eran menos exteriorizadas pero que estaban ahí, que forman parte de nuestra identidad, que tienen que ver con la idea de la nación, de la república, con la idea de la tradición histórica, con una historia común, y por lo tanto, ni en la campaña ni durante la convención aparecieron o afloraron tan claramente, pero post ya con el texto en mano, se vio una identidad bien atávica de Chile que se podría sostener con una idea de un estado republicano democrático, y por lo tanto, bajo la idea de soberanía, sobre la división de poderes, muy como del adn de la sociedad chilena. Eso me parece que apareció sobre todo en la campaña, al rechazar estas cuestiones altamente innovadoras que disponía el texto.

Actualmente, ¿cómo visualizas el nuevo proceso de propuesta constitucional? ¿Puedes avizorar una urgencia de avanzar por parte del gobierno y de la oposición en las próximas semanas?

Hay una cuestión que es el punto de partida que es el triunfo del rechazo, y eso no es menor, porque no existía un solo rechazo. Algunos lo dijimos antes del plebiscito, que el rechazo significaba dos cosas: mantener la situación del texto vigente, y que no había claridad por parte de las fuerzas del rechazo de cuál iba a hacer el itinerario posterior. Yo creo eso sí, que ha quedado claro en que las negociaciones al día de hoy están estancadas, trabadas, avanzan muy lentamente, algunos han declarado un punto muerto al día de hoy, en razón en que no hay posiciones comunes dentro del rechazo principalmente, para saber cómo sigue el proceso constituyente. Por lo tanto, lo que viene en los próximos días se trata de aunar los criterios mínimos de procedimiento de organismos y de aquellas bases esenciales o mínimas de lo que iba a hacer un eventual pacto constitucional. Esos creo yo que son los elementos que están sobre la mesa hoy día. Por otro lado, el gobierno como derrotado y como las fuerzas del apruebo derrotadas, tienen un rol secundario pero ese rol secundario justo se condice con aquellas fuerzas que han estado históricamente a favor del cambio constitucional. Por lo tanto, hay unas fuerzas que son un poco contradictorias entre las que quieren el cambio, pero que son las derrotadas en el plebiscito, versus aquellas que no necesariamente son las que han querido históricamente un cambio y son las que hoy día tienen la mayoría. Por lo tanto, hay una tensión que se tiene que resolver en esta negociación y además, en un gobierno que perdió el plebiscito y por lo tanto más débil, después del cuatro de septiembre.

¿Crees que el gobierno estaba preparado para el resultado de las votaciones del 4 de septiembre?

Nadie estaba preparado para los resultados. Las encuestas decían de forma permanente que iba a ganar el rechazo, pero no que iban a votar, por un lado, tanta gente, y que esa gente iba a votar rechazo. Ahora bien, si los estudios decían que los indecisos preferentemente estaban por el rechazo, era posible prever que entre más gente votase, más se iba a extender la diferencia apruebo rechazo, que al final terminó siendo cierto eso, y la gente que votó masivamente votó por el rechazo. Las dos noticias fueron totalmente un balde de agua fría, sobre todo en la reprobación que haya salido triunfador el rechazo, pero en un escenario de alta votación. En algún momento se pensaba que algunos entre más gente que votaron, en las comunas más populares, iba a poder ganar el apruebo, sobre todo en las regiones más grandes. Eso no fue así, por lo tanto, se dio que cuanto más gente votase, más aumentaba la distancia de apruebo de rechazo.

De hecho, existe el debate actualmente sobre volver al voto obligatorio en las próximas votaciones.

Sí, primero me parece que es lo que deberíamos tener y no deberíamos haber abandonado, por una razón bastante conceptual. El voto obligatorio pone al ciudadano en la situación de responsabilidad política de mantener la democracia. En cambio, el voto voluntario lo excluye de esa obligación, y la dispone más bien en los partidos y movimientos que atraigan a esas personas a votar, lo cual va produciendo una política de nicho y no una política que tienda a la universalidad y por lo tanto tener proyectos comunes de necesidad.

En cuanto al mecanismo y sistema de trabajo para iniciar un nuevo proceso constitucional, ¿cuál crees que debiera ser el más adecuado?

Primero creo que hay que otorgarle todo el valor al plebiscito del 2020, el ochenta veinte, por una nueva constitución. Segundo, me parece que la discusión que se está dando de un nuevo plebiscito de entrada, no permite avanzar en la discusión constitucional, por lo tanto, deberíamos tener un órgano constituyente que tuviera una asesoría experta que lo acompañe en todo el proceso. Pero me parece que no podemos renunciar a la deliberación democrática otorgada a través del voto obligatorio las próximas elecciones. Por lo tanto, deberíamos tener un órgano que discuta políticamente, jurídicamente, la nueva constitución. Apoyadas por una comisión de expertos que otorgue el sustento técnico de la discusión, porque acá en las constituciones no son solamente un asunto técnico, o conceptual, también son miradas políticas que tienen que concordar, y eso se tiene que traducir en un texto jurídico. Ahí también va a incidir en la discusión que se viene, cuál va a ser el rol de los partidos políticos, de los independientes y de los escaños reservados. Al parecer las discusiones van en darle un rol más relevante a los partidos, incorporar a los independientes en sus listas o pactos, que no vayan en pactos y listas independientes, y que los escaños reservados sean en una proporción menor a la existente en la convención pasada, básicamente de acuerdo a su padrón o el padrón conadi que se llama, que es el padrón que se armó para la elección pasada, y por lo tanto armar una nueva ecualización entre partidos políticos, independientes y escaños. Me parece que eso sí es correcto, y terminar al final del día con un periodo corto, no más de seis meses de discusión constituyente porque ya hemos tenido un largo derrotero en los últimos 6 o 7 años, incluyendo al gobierno de la ex presidenta Michelle Bachelet con su etapa participativa, su proyecto que se envía al congreso, la convención constitucional, y por lo tanto, terminar en 6 meses como máximo y después ir a un plebiscito de salida, que permita cerrar el ciclo constitucional y dedicarnos a los próximos años a una discusión por decirlo así legislativa, de política pública, a través de ese marco constitucional que se acuerde.

¿Qué mirada le pueden dar las universidades y académicos al próximo proceso constitucional?

Sí, acá esto es muy importante. Hay que tener claridad que el mundo académico está llamado a dar luces, mostrar caminos, a mostrar experiencia comparada, pero también es un mundo que requiere tener experiencia en los diseños institucionales. Una mezcla de expertis, unas más conceptuales, en los estudios comparados, estudios teóricos, que puedan dar ciertas luces o referencias, e incorporar personas que tengan experiencia en diseños institucionales. Es decir, los distintos elementos de un texto constitucional deben o puedan ser dispuestos para que produzcan determinados efectos. Eso requiere una expertis especial que también tiene que ser recogida. Por lo tanto, hay que tener esos dos elementos: uno que es lo conceptual, más referencial, y dos, experiencia o expertos y expertas en diseño de instituciones porque eso, en un incentivo mal puesto en un texto constitucional, es una consecuencia que vamos a medir después en la práctica, por lo tanto, me parece que hay una mezcla necesaria, pero también se requiere esa mixtura entre lo más teórico y comparado, y también esa experiencia más teórica práctica que lo da la experiencia en diseños constitucionales.

En el primer capítulo del libro «7 propuestas para la Nueva Constitución de Chile», describes que optas por una posición mixta como modelo de Estado, con «perspectiva social» ¿En qué consiste dicho modelo y cómo aportaría a la sociedad chilena en los próximos años?

Este texto trata de hacerse cargo del sistema político chileno y sus fisuras en los últimos 50 años. Se hace cargo también de lo que ha sido el modelo exitoso de corrección de las desigualdades que el modelo de estado social europeo, a partir de la mitad del siglo pasado. Por lo tanto, reconoce como virtuoso la existencia del estado social como forma o modelo político que permite corregir las desigualdades, pero al mismo tiempo permite su conciliación con las libertades personales, y con las libertades económicas también. Es una fórmula probada, exitosa de equilibrio entre libertades y rol del estado. Por lo tanto, en mi texto plantea es que, partiendo de una base social de un estado social, es necesario reconocer ese ámbito de libertades propios que ha ido desarrollando en chile en las últimas décadas, pero reconociendo un rol preferente del estado en materia de salud, de pensiones, en la regulación del trabajo, de educación pública, y con base a ese necesario rol del estado para corregir esas desigualdades, pueden coexistir perfectamente con las libertades personales y económicas. Pongo un ejemplo, que es un ejemplo histórico que tiene que ver con la reforma de salud del ex presidente Lagos, y cómo en ese momento un fondo de compensación solidario fonasa-isapre, que parte en la cotización de privados, fuera para solidarizar en el sistema público, fue considerada en el debate político en el senado inconstitucional, pero con un modelo social de estado, en un mismo modelo mixto, podría ser precisamente constitucional y la solidaridad entrar en la esfera de principios del texto constitucional. Yo creo que ese es un ejemplo que explica bien cuál sería la perspectiva social del estado, en esta mixtura de reconocer el rol del estado, reconocer el rol de corregir las desigualdades, pero también que las libertades personales y económicas tienen un rol en  nuestra sociedad, por lo tanto la pregunta es cómo se ecualizan de cara a mejorar las condiciones y los mínimos existenciales de las personas.

¿Cómo proyectas el escenario político cuando se haya iniciado el nuevo proceso constitucional?

Hay un elemento que hay que tener cuidado y otros elementos a tener confianza. Yo creo que hay una voluntad hoy día, más que ayer, de ir edificando un pacto constitucional, que es lo que yo decía al comienzo, que no hubo por las circunstancias y por la conformación de la convención. Pero también hay un escenario que hay que tener cuidado y hay que poner alerta; que tenemos una vocación y tendencia a fragmentar la política, hay vocación a la fragmentación del sistema de partidos, por lo tanto, es muy difícil ponerse de acuerdo. Tres, que hay que evitar, es el llamado a la responsabilidad política de las propuestas populistas o aquellas alertas populistas que están acechando lentamente y apareciendo en distintos lados en la política chilena. Por lo tanto, la discusión constitucional tiene que tomarse en serio y necesitando ética de la responsabilidad, poner un marco constitucional que favorezca la política, fortalecer el sistema de partidos y que sea moderado en su número, no en las familias políticas o en los sectores políticos, sino que trate de evitar la fragmentación política,  porque entre más fragmentado está el sistema, más difícil es procesar las demandas ciudadanas, y al ser más difícil procesar esas demandas, la oleada populista está más cerca porque se produce frustración desde la ciudadanía. Entonces, esas son las llamadas de alerta que tiene que tener el sistema político y la política en las próximas semanas y meses.

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