En diciembre de 2024 el Estado de Guatemala solicitó un pronunciamiento a la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH), Opinión Consultiva (OC-33) sobre Democracia y su protección ante el Sistema Interamericano de Derechos Humanos. El artículo 64.1 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos habilita a los Estados miembros de la OEA a solicitar a la Corte IDH una Interpretación de las normas de la Convención y otros tratados. La Corte, desarrollando esta función consultiva, ha estado celebrando audiencias y recibiendo escritos sobre esta temática antes de emitir su Opinión, donde se debate si la democracia debe ser considerada un derecho humano autónomo y cuál sería la delimitación o contenido de ese derecho.
Recientemente, en marzo de 2026 (187º Período Ordinario de Sesiones de la Corte IDH), los representantes de los países americanos han presentados posturas distintas sobre el tema: un grupo de países defienden que se proteja la democracia como un derecho humano autónomo, mientras otros abogaron por que se la considere solo como una forma de gobierno.
Lo anterior lleva a detenerse en la noción de democracia y su relación con el Estado de Derecho. La democracia, al menos después de la Segunda Guerra Mundial, ha dejado de ser vista solo como un procedimiento formal de toma de decisiones. Más allá de lo electoral (la decisión mayoritaria por sufragio universal), la democracia encierra un conjunto de principios políticos que enmarcan los Estados. Se trata de un derecho multidimensional (idea.int) que se interrelaciona con los derechos humanos de manera dual. Los derechos humanos son el contenido sustancial de las democracias (el qué de las decisiones, límites también a las mayorías) y, a su vez, la democracia puede ser vista como un derecho humano en sí mismo (que habilita el ejercicio de otros derechos humanos).
Así, un Estado de Derecho Democrático deberá respetar como elementos básicos el Principio de legalidad, de Supremacía Constitucional, la Separación orgánica de funciones y, particularmente como límites sustanciales al poder, los Derechos Fundamentales. La democracia como principio abraza esos elementos como mínimos sustanciales, además de incorporar otros de carácter procedimental, que promoverán la participación política con sufragio universal, el pluralismo político, los sistemas de partidos y la renovación política periódica (OC-28/21).
Los debates no son sólo retóricos, pues impactan en la protección que pueda desarrollar la Corte de estos principios, lo que resulta de interés cuando la ciencia política habla de “backsliding“o retrocesos democráticos en todo el mundo. No se trata, como en otras décadas, de abruptos quiebres institucionales, sino de un socavamiento paulatino de los elementos que sostienen la democracia como imaginario político.
El PNUD (2022) habla, por ejemplo, de un aumento sostenido de la desvalorización de principios democráticos, donde el apoyo a la democracia en la región ha caído 12 puntos porcentuales en la última década. Los y las politólogas hablan de tendencias de fragmentación y polarización política (Mascareño et al., 2022), aumento de la desafección representativa, creciente desconfianza hacia las élites políticas y las instituciones (PNUD, 2022), así como de la insatisfacción de la ciudadanía frente a la desigual distribución de los ingresos, lo que parece deslegitimar la actual forma de organización política (PNUD, 2017).
En tal sentido, diversos autores (Adam Przeworski; Susan Stokes, Ruth Ginsburg, entre otros) alertan de fenómenos que ponen en jaque el futuro de las democracias en el mundo, desde una autocratización gradual hasta populismo autoritario, debilitamiento de controles del Ejecutivo, socavamiento de la independencia de los Poderes Judiciales, socavamiento de los sistemas electorales, restricciones a las libertades, creciente xenofobia, etc.
Por lo tanto, parece importante resaltar que, en tiempos de erosión de los principios democráticos, la Corte Interamericana de Derechos Humanos abre espacios para que los Estados y la ciudadanía reflexionen sobre el contenido y el valor que queremos darle a la democracia y los derechos humanos como rectores de nuestras vidas en sociedad.






